LOS ATAÚDES FLOTANTES

LOS ATAÚDES FLOTANTES

La humanidad siempre ha sido cruel, codiciosa y sádica empecinada en el provecho personal sin mirar las necesidades ajenas, esas pequeñas y grandes muertes, escudada en ser cristiana. La esclavitud en que el hombre es dueño del hombre debido a posición, poder económico o militar conlleva a persistir en la injusticia social, síntoma de una sociedad gravemente enferma. Recojamos segmentos históricos escritos en el siglo XVII durante el comercio de esclavos traídos de África a Colombia:

El Padre jesuita Alonso de Sandoval (diciembre de 1576 Sevilla España – diciembre de 1652 Cartagena de Indias) escribió un libro titulado  “De la salvación de los negros” único texto con alto valor sociológico, era el antecesor de un misionero jesuita el padre Pedro Claver, quien se denominó “el esclavo de los esclavos

El galeón negrero se acerca al puerto. Ya las velas se recogen, ha pasado el Fuerte de Pastelillo y se puede oír el rumor del puerto. En el fondo del navío un terrible murmullo, gritos de angustia, miradas ansiosas, los negreros muestran sus rostros más benévolos. Ha llegado la tercer parte de su mercancía y hay interés en que dé una buena impresión. Rían esclavos…rían

Cautivos estos negros con la justicia de Dios sabe, dice Sandoval, les echan luego en prisiones asperísimas de donde no salen hasta llegar a este puerto de Cartagena. A veces llegan de doce a catorce navíos al año, hediondos y les da tanta tristeza y melancolía por la idea que tienen que les traen para hacer aceite de ellos o comérselos. Vienen apretados, asquerosos y maltratados, que me certifican los que les traen que vienen de seis en seis con argollas en el cuello, con grillos en los pies de dos en dos, de modo que de los pies a la cabeza vienen aprisionados. Debajo de la cubierta cerrados por fuera donde no ven sol ni luna, que nadie puede atreverse a meterse allá, sin marearse ni resistir una hora”.

“Comen cada 24 horas una escudilla de harina de maíz de mijo crudo y con un pequeño jarro de agua y no otra cosa sino mucho palo, azote y malas palabras. Con este tratamiento llegan unos esqueletos, sacándoles luego a tierra en carnes vivas, poniéndoles en un gran patio corral, acuden luego innumerables gentes, unos llevados por la codicia, otros por la curiosidad y otros por la compasión; estos son los misioneros y aunque van corriendo siempre hallan algunos muertos

Esta terrible página donde confiesa que ante esta humanidad repugnante sentía espanto y su naturaleza quería huir. De un segmento conservado de una carta del 31 de marzo de 1617 se extrae:

Ayer saltaron a tierra de un gran navío de negros de los ríos de Guinea. Fuimos allá cargados de naranjas, limones, tabaco (para tratar el escorbuto). Entramos en sus barracones, remeros de una y otra parte. Fuimos rompiendo hasta llegar a los enfermos, de que había gran manada echados en el suelo muy húmedo y anegadizo. Echamos manteos fuera, terraplenamos el lugar, llevamos en brazos a los enfermos”(…)

La psicología del misionero catalán no era complicada, tuvo un amor supremo.

Señor, te amo mucho, muchode una voluntad férrea, cando el cuerpo se rebelaba ante una llaga abierta ante el horror de un leproso hecho pedazos, su rostro demacrado y amarillento como las olivas de su pueblo, se encendía, sacaba una disciplina y se flagelaba, se acercaba al enfermo  lamía sus llagas hasta dejarlas limpias con sus propios labios

El Capitán Barahonda testificaba: “Y los negros a su vez le amaban, pues le tenían mucho amor y siempre que le veían iban a besarle las manos y se postraban arrodillados a su presencia

Era un hijo de Vedu nacido según su partida de bautismo, el 26 de junio de 1580 se llamó Juan Pedro, hijo de Pedro Claver de la Calle Mayor y Ana Corberó. Aun que no hay datos de su infancia, escribió más tarde:

Lo que en la leche se mama en la mortaja se derrama y el que en malos pasos anda polvos levanta” Pronto de adolescente perdió a su madre y a su hermano, ingresó de 22 años a la Compañía de Jesús en Tarragona el 8 de agosto de 1604  y anotó en sus votos “Hasta la muerte me he de consagrar al servicio de Dios, haciendo cuenta que soy un esclavo

Un santo místico castellano aparece en su camino, San Alfonso Rodríguez de Mayorca. Viejo, calvo, enjuto de carnes pero de plenitud espiritual dialogó muchas noches con el joven Claver y ante su pregunta ¿Qué he de hacer hermano Alonso? Colocó en su cuaderno día tras día estas notas que servirían después como alimento espiritual. Sentado al pie de un árbol dijo ¿Cuántos que están ociosos en Europa podrían ser apóstoles en América?

Embarcado en el Galeón San Pedro el 15 de abril de 1610, vino a la nueva tierra, “tierra buena, tierra que pone fin a nuestra pena, tierra de bendición clara y serena”, con la idea de evangelizar indios, pero su campo de apostolado serían los negros.

Bautizó cerca de 300.000 negros dedicando casi todas las horas del día a su labor compasiva en compañía de su intérpretes negros, Calapino quien conocía doce lenguas africanas, Andrés, Sacabuche, Aluanil de Angola; Sofo y Yolofo de Guinea, Viáfara, Manuel y Juan Maniolo y con ellos el hermano Nicolás González.

Después de 40 años de dedicación a estos pobres en desgracia, un murmullo potente surgió en Cartagena “El santo muere, el santo muere” era el 8 de septiembre de 1654.

Su superior el P. Arcos contó “Sin hacer acción ni movimiento alguno con la misma paz, tranquilidad  y quietud que había vivido dio su alma a Dios

De qué nos quejamos si seguimos siendo una sociedad salvaje, atrevida, sin educación ni Dios que continúa manteniendo secuestrados, violando niños, mujeres o ancianos, creyéndonos cristianos y desconociendo ese mandamiento de Jesús “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”

Ni los negreros ayer, ni nosotros hoy hemos comprendido el mensaje paulino que San Pedro Claver, patrono de los obreros entendió.

En una segunda parte veremos las consecuencias fisiopatológicas de dicha selección artificial.

Dr. Carlos Augusto Rodriguez Garcés  Cirugía General – Vascular Periférica y Gastroenterología.

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